jueves, 6 de abril de 2017

Sólo un recuerdo? VI

Darío

-No hace falta. Álguien que tiene la esperanza de volver contigo, te llama al día siguiente, te compra un ramo de flores y te regala chocolates. Álguien que sabe que no hay vuelta atrás, no te llama en nueve días. (Como yo, que no te llamé en años) ¿Asombrada?

-La verdad sí, asombrada. Hay que conocerme mucho como para llegar a ese tipo de conclusiones. (Me sonrojé) ¿Sabe que estás conmigo aquí, ahora?

-No. (Ni tengo pensado decírselo). Háblame de tu hijo.

-Aquí está su pedido, espero que lo disfruten. (¿De dónde aparece?)

-Gracias, Amanda. Tiene siete años, se llama Octavio, como mi padre, es un niño muy inteligente, tiene mi sonrisa ¿Qué más te puedo decir? ¿Háblame de tu futura esposa?

-Es licenciada en artes, mayor que yo, la conocí en una cena en casa de mi madre, llevamos 3 años juntos…

-No me convences, sé que puedes hacerlo mejor. Se supone que te quieres casar con ella ¿No deberías hablar de ella con más ilusión? ¿Con más alegría al menos?... Darío Osses Ercilla, mírame a los ojos y dime que la amas.

-Yo… (No la amo...) No puedo.

-¿Te vas a casar?

-Ya no, hoy en la mañana sí, pero ahora no, ya no, no podría ¿Cómo? No puedo volver a mirarla a la cara y decirle algo que no siento ¿Cómo quieres que me case con una mujer que no amo? Al menos me alegro de no haberle propuesto matrimonio aún.

-¿Por que ahora ya no? ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

-Prometí ser honesto… (Jamás creí que diría esto) Tú.

-... (Me miró pálida, como si le sorprendiera verme ahí).

-Estás pálida... ¿Te sientes bien?... ¿Victoria? ¡Victoria!... ¡Contesta!... Di algo... Lo que sea... ¡Victoria! (Me va a gritar).

-¿Qué pretendes con todo esto? ¿Qué quieres de mi? ¿Echarme abajo una vez más? ¿Que vuelva a derrumbarme? (No levantó la voz, pero cada palabra que decía estaba más cerca de ponerse a llorar) ¿Qué esperas? ¡Contesta! ¡Contéstame! ¿Qué es lo que quieres de mi? ¿Me amas? ¿Quieres una aventura? ¡Responde! ¿Qué sientes por mi?

-Perdóname, yo...

-No seas imbécil y no me pidas perdón. Responde ¿Qué sientes por mi? (Tenía los ojos humedecidos por las lágrimas y aún así se veía hermosa).

-No sé como definirlo...

-Esfuérzate. La noche es larga y tengo tiempo, así que responde. ¿Qué sientes por mi? Piensa en voz alta de ser necesario.

-Victoria, yo... (Debo ser claro con ella y conmigo) Esta mañana cuando... No, más atrás. Hace dos días, decidí que volviendo de este viaje le propondría matrimonio, llevamos un par de años juntos y creí que sería una buena decisión, pero hoy mientras viajaba, me acordé de ti y comencé a dudar (Enarcó una ceja). No me mires con esa cara, te prometí ser sincero y hasta ahora no te he dado motivos para que desconfíes de mi.

-Continúa...


-Bueno. Después cuando vi tu nombre, todo se vino abajo, me di cuenta que no la amo, que solo me acostumbré a estar con ella, me di cuenta de todo lo que perdí cuando te perdí... Cuando nos perdimos (Levantó la ceja). Vamos guapa, tú también tienes tus defectos...  ¿O quieres que te recuerde tu primer trabajo? (Se sonrojó).

-No es necesario, recuerdo todo perfectamente.

-¿Incluso a ese tipo con el que me engañaste?

-Ya pagué las consecuencias de ese error, no voy a permitir que me lo cobres ahora.

-Yo también las pagué, fue por eso que todo se vino abajo.

-No te pedí que aparecieras en mi vida otra vez (Se puso de pie).

-Nadie te obligó a venir... Vienes aquí y me preguntas que quiero, pero ¿Qué quieres tú?... Y haz el favor de sentarte, estás haciendo una escena (Parecía estar a punto de discutir, pero se sentó, tomó mi copa, bebió un sorbo largo de vino y me miró).

-Nunca me he perdonado haberte sido infiel, todo sería diferente ahora (Y una lágrima rodó por su mejilla).